viernes, 5 de octubre de 2012

Llegó la primavera


Ha caído un pétalo de rosas dentro de este viejo y seco tronco lleno de huecos, inundado de oscuridad y sumergido en un profundo mar de inseguridades, hogar de bichos y entrañas que lo carcomen por dentro dejándolo totalmente vacío, arrebatándole lo más preciado que tiene y debe conservar, su vida. Ha caído también con él una gota de agua cristalina, tan clara como las ilusiones de aquel niño que recién empieza a descubrir el mundo, como la ilusión que me da el saber que existes y que siempre estuviste allí, tan ligera que en lugar de haber caído, debió haber trepado muy alto, mas allá del cielo a donde quizás algún día lleguemos, tan pura como aquella sublime sensación que aparece cada vez que te tengo cerca y tan intensa como aquella mirada capaz de desnudar el alma de cualquier persona, esa a la que tanto le temes.

Sin embargo, el tiempo pasaba y el pétalo se marchitaba en esa eterna soledad que nunca antes había conocido, de aquella gota de agua quedó tan solo su marca grabada en el pétalo y justo en el momento en que todo comenzaba a consumirse, el denso techo de nubes de inseguridad se desvaneció convirtiendo en gotas de esperanza lo que antes eran sombras de desesperación, descubriendo signos de luz que iluminaban aquellas hojas secas regadas en el suelo. Solo un rayo de luz, un juego del destino, fue capaz de mantener vivo al primer pétalo de aquella temporada, aquella convivencia que surgió entre 2 seres totalmente diferentes, hasta que sus restos se entregaron en manos del destino, en manos de tu luz, y se fundieron hasta volver a dar vida a aquel viejo tronco, en el que el pétalo renació en forma de amor y perdurará allí por siempre.

Y es que aunque el invierno llegue y este viejo tronco, ahora árbol, muera; siempre existirá dentro de él una parte de aquel querido ser con el que por primera vez aprendió a amar.





Dedicado a tí, mi fiel lectora, ojalá que te guste ;)


Ricardo Avila.